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Cuando el instructor deja de ser alumno, algo se rompe

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    planner digital
  • hace 12 minutos
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Cuando el instructor deja de ser alumno, algo se rompe

Hay algo que casi nadie te dice cuando empiezas a enseñar Pilates. Que llega un momento en el que das tanto hacia afuera, corregir, observar, sostener, acompañar, que puedes olvidarte de lo esencial: tu propia práctica.

Como instructor de Pilates, dedicas una enorme cantidad de energía a guiar a otros. Ajustas cuerpos, eliges palabras, cuidas procesos. Esa generosidad es lo que hace valiosa tu enseñanza. Pero, así como tus alumnos necesitan constancia para progresar, tú también.

Y no se trata de hacerlo “mejor” o “más fuerte”. Se trata de volver a ti.

La práctica como lugar de regreso

Una práctica personal constante es mucho más que entrenamiento. Es el espacio donde te reencuentras con el método sin presión, sin expectativas externas. Donde recuerdas por qué te enamoraste del movimiento.

Ahí exploras. Ahí pruebas. Ahí te equivocas sin miradas encima.

Y sin darte cuenta, algo se ordena: la claridad vuelve, la presencia se afina, la confianza se sostiene desde adentro.

Cuando practicar transforma la forma de enseñar

Practicar no solo fortalece el cuerpo. Fortalece la comprensión.

A través de la práctica regular, el instructor profundiza en los principios del método, refina sus patrones de movimiento y mantiene la condición física necesaria para enseñar con precisión y control. Pero hay algo más sutil que ocurre: aparece la resiliencia.

Esa capacidad de adaptarte, de cuidarte, de sostener una carrera larga sin romperte por el camino.

La importancia de la variedad

La práctica personal no tiene que ser rígida. Al contrario.

La variedad permite entrenar el cuerpo desde distintos lugares, prevenir lesiones y construir un acondicionamiento más equilibrado. Volver al repertorio, explorar nuevos enfoques, cambiar estímulos… todo suma.

Porque un cuerpo que se mueve siempre igual también se cierra. Y un instructor que deja de explorar, también.

Volver a ser estudiante

Cuando practicas, inevitablemente vuelves a sentirte alumno. Vuelves a encontrarte con la dificultad, con el desafío, con el pequeño avance que antes pasaba desapercibido.

Esa experiencia cambia tu forma de enseñar. Te vuelve más empático, más cercano, más paciente. Te recuerda que aprender no es lineal, y que cada cuerpo vive su propio proceso.

Tu práctica como laboratorio

El tapete o el Reformer se convierten en un espacio seguro para investigar. Ahí puedes revisar principios, probar secuencias, sentir antes de enseñar.

Practicar te da criterio. Y el criterio es lo que diferencia a quien repite ejercicios de quien educa movimiento.

Mantener viva la curiosidad

Los mejores educadores no dejan de aprender. Una práctica personal constante alimenta la curiosidad y devuelve la alegría al movimiento.

No enseñas desde la rutina. Enseñas desde la experiencia viva.

Desde lo que sientes hoy, no solo desde lo que aprendiste hace años.

Una base silenciosa, pero poderosa

Tu práctica personal no es mantenimiento. Es fundamento.

Cada vez que te mueves con intención, fortaleces no solo tu cuerpo y tu mente, sino también la forma en la que guías a otros. Mantienes viva la curiosidad, afinas tu mirada y te conectas con la esencia del método.

Porque enseñar bien no empieza cuando entras al estudio. Empieza mucho antes. Empieza cuando decides seguir habitando tu propio movimiento.Sigue profundizando en tu camino como instructor

Si mientras leías esta nota algo resonó contigo, no es casualidad.La práctica personal, la curiosidad y el deseo de enseñar mejor suelen ir de la mano con un mismo impulso: seguir formándote.

En The Pilates School creemos que un buen instructor nunca deja de aprender.Por eso ofrecemos certificaciones y cursos diseñados para instructores de Pilates que buscan enseñar con mayor criterio, confianza y profundidad.

👉 Si te interesa conocer nuestras certificaciones para instructores, puedes explorarlas aquí:https://www.thepilatesschool.mx/certificacion

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Formarte no es empezar de nuevo.Es seguir afinando tu mirada, tu cuerpo y tu forma de enseñar.


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