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Estira con tus alumnos de la manera correcta

hace 1 día
2 min de lectura

Existe una pregunta que aparece con frecuencia en las clases de Pilates: “¿Este estiramiento está bien?”. Y la respuesta más honesta suele ser la misma: depende.


Depende de lo que quieras lograr, de cómo estés realizando el movimiento y de si realmente entiendes qué estructura estás intentando movilizar. Porque en Pilates no trabajamos por costumbre. Trabajamos con intención.


El estiramiento que todos conocemos


Piensa en el clásico estiramiento de isquiotibiales: talón apoyado, rodilla extendida y tronco inclinándose hacia delante en dirección al pie. Lo hemos visto innumerables veces y probablemente también lo hemos practicado.


Es un movimiento que suele generar una sensación intensa y que muchas personas asocian automáticamente con un buen estiramiento. Pero aquí aparece una pregunta interesante: ¿estamos estirando realmente lo que creemos estar estirando?


En muchos casos, cuando el alumno se inclina hacia delante, la pelvis entra en retroversión y los isquiones se desplazan hacia delante. Cuando eso ocurre, el músculo recibe una tensión desde un extremo mientras pierde longitud desde el otro. El resultado es un movimiento que puede sentirse intenso, pero que no siempre es coherente con el objetivo que buscamos.


Entonces, ¿cómo estiramos con más intención?


Si la rodilla está extendida, ya hemos fijado uno de los extremos del músculo. A partir de ahí, el trabajo consiste en organizar mejor el resto del cuerpo.


Y es aquí donde aparece un concepto que muchas veces pasa desapercibido: el autoalargamiento.


Antes de buscar profundidad, conviene buscar organización. Antes de inclinarse más, conviene crecer. Permitir que la columna encuentre longitud, que la pelvis pueda orientarse ligeramente hacia la anteversión y que los isquiones se proyecten suavemente hacia atrás cambia por completo la experiencia del movimiento.


Muchas veces, cuando el cuerpo está mejor organizado, el estiramiento se vuelve más claro sin necesidad de forzar ni de buscar rangos extremos.


Neutro lumbar: más criterio, menos impulso


Este es uno de esos detalles que pueden transformar la calidad de una corrección. Cuando el alumno pierde la organización lumbar y colapsa hacia la flexión, deja de moverse con intención y comienza a compensar.


Por eso, la diferencia no suele estar en pedirle que llegue más abajo. La diferencia está en ayudarle a encontrar una mejor dirección.


Como instructores, nuestra mirada tiene un papel fundamental. A veces una consigna tan simple como “crece primero”puede generar más cambios que insistir constantemente en aumentar la amplitud del movimiento.


No es el ejercicio. Es el propósito.


En el fondo, esta conversación no trata únicamente sobre los isquiotibiales. Habla de algo mucho más amplio: comprender que ningún ejercicio es bueno por sí mismo. Su valor depende de si está alineado con el objetivo que buscamos alcanzar.


Nuestro trabajo como instructores no consiste en acumular movimientos que se sientan intensos, sino en comprender qué estamos intentando desarrollar y acompañar al alumno hacia ese objetivo con claridad.


Muchas veces el cambio no está en hacer más, sino en organizar mejor. Y cuando el alumno empieza a percibir esa diferencia, ocurre algo importante: deja de moverse por impulso y comienza a moverse con conciencia.


Es en ese momento cuando Pilates deja de ser una serie de ejercicios y se convierte en una verdadera educación del movimiento.


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