top of page

¿Qué haces cuando un alumno te dice “me duele”?

  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura
¿Qué haces cuando un alumno te dice “me duele”?

Hay una frase que cambia por completo la energía de una clase. Estás guiando. El movimiento fluye. Todo parece organizado.

Y de pronto un alumno te dice: “Me duele.”

En ese segundo, algo se activa dentro de ti. ¿Paro todo? ¿Modifico? ¿Es normal? ¿Es peligroso? ¿Estoy haciendo algo mal?

Quizá el mayor error que cometemos como instructores no es no saber qué hacer.Es olvidar que el dolor no es el enemigo. Es información.

No todo lo que incomoda es lesión

Vivimos en una cultura que asocia cualquier sensación intensa con algo negativo. Pero en el movimiento consciente, no todo lo que molesta es daño.

A veces el “me duele” significa: “Estoy usando un músculo que nunca uso.” “Estoy estirando algo que siempre estuvo rígido.” “Estoy saliendo de mi zona cómoda.”

El cuerpo no siempre tiene un vocabulario preciso. Y muchos alumnos tampoco. Para algunos, cualquier sensación nueva es “dolor”.

Por eso, más que reaccionar rápido, necesitamos aprender a preguntar mejor.

Preguntar cambia todo

Cuando alguien dice “me duele”, no respondas solo con un “para” o con un “sigue”.

Pregunta.

¿Es un dolor sordo y difuso?, ¿Es una sensación de estiramiento?, ¿Se siente como trabajo muscular?, ¿O es un dolor punzante, agudo, que dispara y asusta?

La forma en que describen la sensación te da más información que la palabra “dolor” en sí misma.

Porque no es lo mismo fatiga que lesión. No es lo mismo tensión que alarma.

Una escala sencilla puede ayudarte

A veces algo tan simple como una escala del 0 al 10 aclara el panorama.

0 es nada. 10 es urgencias.

Si la sensación está por debajo de 5 y es tolerable, probablemente forma parte del proceso de adaptación. Si es 8, 9 o 10… no se empuja. No se negocia. No se romantiza.

En Pilates no forzamos. Tampoco dramatizamos, escuchamos, interpretamos y decidimos con criterio.

El dolor no se ignora. Se traduce.

Hay algo muy delicado en este punto. Porque ignorar el dolor es irresponsable. Pero temerle automáticamente también puede limitar el progreso.

Nuestro trabajo no es asustarnos ni minimizar. Es traducir.

A veces la solución es ajustar alineación. A veces es disminuir rango.A veces es cambiar el ejercicio. Y a veces es simplemente acompañar al alumno a atravesar una sensación que es nueva, pero segura.

Enseñar Pilates no es solo guiar movimiento. Es educar percepción.

El cuerpo siempre está diciendo algo

Cuando un alumno dice “me duele”, en realidad está diciendo: “Hay algo aquí que no entiendo.”

Y ahí entramos nosotros. No como salvadores ni como jueces. Sino como intérpretes del lenguaje corporal.

Porque en Pilates no ignoramos el dolor. Lo escuchamos y desde ahí, tomamos decisiones conscientes.

Y quizá ese sea uno de los actos más importantes de nuestra profesión: enseñar a diferenciar entre una alarma… y un aprendizaje.

Comentarios


bottom of page